Actividad física y deportes en prevención cardiovascular primaria y secundaria
El sedentarismo es un factor de riesgo cardiovascular independiente reconocido por la OMS desde 2002. Su prevalencia es elevada tanto a nivel global como local: cerca del 50% de la población argentina presenta baja actividad física, según las encuestas nacionales de factores de riesgo realizadas en 2005, 2009 y 2013 (1). A nivel mundial, se estima que 1,8 billones de personas son sedentarias (31% de la población) y que esta cifra podría aumentar al 35% para 2030 (2). El sedentarismo explica entre el 6% y 9% de las muertes globales y aumenta entre 20–30% el riesgo de mortalidad prematura frente a sujetos físicamente activos (2), además de incrementar la probabilidad de desarrollar obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad aterosclerótica y algunos cánceres.
Desde la perspectiva fisiopatológica, la inactividad genera inflexibilidad metabólica, deterioro del uso eficiente de carbohidratos y grasas, y efectos sistémicos adversos. En contraste, la actividad física aporta beneficios cardiovasculares ampliamente demostrados: reducción de presión arterial, mejor variabilidad de la frecuencia cardíaca, optimización de la función endotelial y menor viscosidad sanguínea. A nivel sistémico, mejora la densidad mitocondrial, reduce la inflamación, disminuye la grasa visceral, promueve la masa muscular y mejora la calidad del sueño (3).
El sedentarismo, como factor de riesgo cardiovascular, fue formalmente incorporado por la AHA en 1992 (4). Las guías de AHA 2019 recomiendan 150 minutos semanales de actividad moderada o 75 minutos de actividad vigorosa, con beneficios adicionales al alcanzar los 300 minutos semanales (5). Estas recomendaciones complementan las de la OMS 2010 y 2020 para adultos de 18 a 65 años y mayores de 65 años, que además incluyen ejercicios de fuerza al menos dos veces por semana, y ejercicios de balance en adultos mayores, así como la posibilidad de fraccionar la actividad en bloques de al menos 10 minutos (6).
Durante años existió preocupación por los llamados “guerreros del fin de semana”, personas que concentran la actividad física semanal en 1–2 días. Estudios recientes, incluyendo una cohorte prospectiva mexicana de más de 150.000 participantes seguida durante 18 años, demostraron que los guerreros del fin de semana presentan reducciones de mortalidad similares a quienes realizan actividad regular, siempre comparado con sedentarios (7). Estos hallazgos fueron confirmados por análisis combinados de las cohortes UK Biobank y NHANES (8).
Estrategias para favorecer la adherencia a la actividad física
Reducir el tiempo sentado, evitando períodos prolongados mayores a 4 horas. El riesgo de mortalidad aumenta 17% entre 4–8 horas y 50% por encima de 8 horas, aunque puede atenuarse con altos niveles de actividad física (9).
Evaluar y motivar desde el consultorio, interrogando sistemáticamente sobre actividad física, barreras y adherencia, reforzando los beneficios y registrando en la historia clínica para seguimiento.
Incorporar “snacks deportivos” y pausas activas, pequeñas dosis de 1–3 minutos durante el día, que han mostrado mejorar el perfil metabólico y parámetros de fitness aeróbico (10, 11).
Promover la tenencia responsable de mascotas, especialmente perros, asociado a una reducción del 24% en mortalidad total y 31% en mortalidad cardiovascular (12).
Fomentar el desplazamiento activo, como caminar o ir en bicicleta al trabajo, conducta asociada a menor mortalidad total, menor riesgo cardiovascular y menor incidencia de cáncer (13).
El peor escenario combina ausencia total de actividad física, menos de 1000 pasos por día y más de 10 horas sentado, lo que se asocia con un fitness cardiorrespiratorio <5 METs (14). El modelo actual propone un enfoque armónico que integra ejercicio aeróbico, fuerza, balance y coordinación, reemplazando la antigua pirámide (15).
La evidencia es contundente: la actividad física es fundamental en la prevención primordial, primaria y secundaria de la enfermedad cardiovascular. El equipo de salud debe promoverla activamente, incluyendo recomendaciones escritas al alta de un evento cardiovascular, como parte esencial del tratamiento.
Contenido desarrollado por el Dr. Diego Esteban Iglesias (cardiólgo universitario, especialista en Medicina del Deporte)
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